Ayacucho cierra este 2025 con un nudo en la garganta y una cifra que debería hacer temblar a nuestras autoridades: 29 homicidios registrados según el Sistema Informático Nacional de Defunciones (Sinadef). No estamos hablando de números fríos en una tabla, estamos hablando de que la violencia casi se ha duplicado en comparación con los 14 casos del 2023.
El panorama es desolador desde las zonas urbanas de Huamanga hasta las rutas del VRAEM. El olor a pólvora y la sensación de inseguridad nos dicen a gritos que el control se les escapó de las manos a quienes prometieron protegernos. Es el momento de que todos los ayacuchanos abramos los ojos y nos demos cuenta que si seguimos permitiendo que la indiferencia gobierne, el 2026 será un año de luto permanente.
El desarrollo de esta crisis nos muestra que el crimen organizado ha ganado terreno mientras nuestras autoridades miran para el lado. Este año hemos sido testigos de ajustes de cuentas, secuestros y asesinatos crueles que parecen sacados de una película de terror.
Algunos casos impactan, como el del empresario Edwin Lagos en Pichari, padre de familia que habría sido asesinado tras negarse pagar una extorsión, o el homicidio de Clinin Tapia, acribillado por un ajuste de cuentas. A esto se suma el horror de la violencia de género, con confesiones de asesinatos de mujeres que nos parten el alma, y una justicia que camina a paso de tortuga, dejando casos como el asesinato de Rita Miguel Cervan en el olvido absoluto desde abril.
Jóvenes, estudiantes y profesionales han caído en esta escalada de violencia porque hoy, en Ayacucho, la vida parece valer muy poco para los delincuentes y nada para un Estado que no reacciona.
Llegamos al cierre de este año con una responsabilidad histórica. No podemos seguir eligiendo a los mismos políticos de siempre, a esos que solo aparecen para la foto pero que no tienen los pantalones para enfrentar a las mafias.
El 2026 debe ser el año del cambio de ciclo. Ayacucho y el Perú necesitan autoridades con mano dura, que no le teman al crimen organizado y que pongan orden de una vez por todas. Si seguimos votando por los corruptos y los incapaces, solo estaremos cavando nuestra propia tumba. ¡Hagamos el cambio que nuestra región exige! La seguridad no es un favor, es nuestro derecho y es hora de recuperarlo.


