AYACUCHO NO QUIERE OTRA GUERRA

Ayacucho tiene una memoria que ninguna otra región del Perú tiene de la misma manera. Sabe lo que es la violencia política. Sabe lo que cuesta reconstruir una comunidad después de años de terror. Sabe el precio que pagan las familias cuando los hombres que dicen defender al pueblo terminan destruyéndolo.

Por eso las palabras de Roberto Sánchez sobre una posible confrontación con Chile, en caso de salir elegido en segunda vuelta, no pasan inadvertidas en Ayacucho. No son retórica política. Son una alarma.

Una guerra no la pagan los candidatos. La pagan las familias, los hijos que no vuelven, las madres que esperan, y las comunidades que quedan destrozadas. Ayacucho lo vivió de una manera distinta pero igualmente devastadora y no necesita que nadie le explique lo que significa cuando el poder político juega con la violencia como herramienta.

Las familias ayacuchanas que hoy sienten miedo ante la posibilidad de un gobierno que amenaza con conflictos externos, que habla de refundar el Estado y que defiende a quienes promovieron la insurrección en 2023, no están exagerando. Están recordando.

Y recordar es exactamente lo que hay que hacer antes de votar. Ayacucho construyó la paz con demasiado sacrificio como para arriesgarla por un candidato que no mide lo que dice.

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