COLEGIOS QUE MATAN SUEÑOS

Mientras los políticos se pelean por un sitio en la lista del 2026 o se distraen en banquetes oficiales, el suelo de nuestras escuelas se cae a pedazos. El 2025 está terminando y la foto de la educación peruana es del terror. Más de la mitad de los colegios del país deberían ser demolidos porque su infraestructura es una trampa mortal para alumnos y maestros.

Es indignante que, en pleno siglo XXI, estemos enviando a nuestros hijos a estudiar en lugares que son poco más que escombros con techo. Esta no es una crisis de presupuesto, es una crisis de prioridades. Para quienes hoy nos gobiernan, la educación es solo un discurso de campaña, pero para una familia en la sierra, es la única salida que tienen sus hijos para escapar de la pobreza.

La realidad en las zonas rurales es donde el olvido se vuelve más cruel. Siete de cada diez escuelas rurales no tienen ni lo básico para funcionar: sin luz, sin agua digna y sin internet. A esto se suma un enemigo silencioso que está hipotecando el cerebro de nuestra infancia, la anemia infantil. Un niño con hambre no puede aprender, no puede competir y no puede ser libre.

Sin embargo, el Estado prefiere gastar en consultorías inútiles y en mantener una burocracia dorada antes que asegurar que cada escolar reciba la nutrición y las herramientas tecnológicas que necesita. Hoy existe un vacío de 174 mil millones de soles en infraestructura, pero el presupuesto asignado para el próximo año es una burla, una propina que no alcanza ni para tapar los huecos de los techos en una sola región.

Este panorama nos obliga a mirar el 2026 con una exigencia distinta. No podemos permitir que el próximo quinquenio sea otro desfile de autoridades que solo buscan robar y hacerse una carrera a costa de los más vulnerables.

El Perú necesita autoridades honestas que entiendan que sin niños sanos y educados no hay país próspero. La libertad que buscamos empieza en el aula. Si queremos un futuro donde nuestros jóvenes no dependan de favores políticos, tenemos que construir hoy las bases de su conocimiento. Este cambio de ciclo debe poner al centro la dignidad del estudiante, sacando a los corruptos que ven en un ladrillo de colegio una oportunidad para la coima. El 2026 debemos elegir a quienes vean en un niño el motor del nuevo Perú.

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