La realidad de Ayacucho es hoy un insulto para sus ciudadanos. Mientras el gobernador Wilfredo Oscorima sigue enredado en las investigaciones judiciales por el Caso Rolex y los supuestos «préstamos» de joyas a Dina Boluarte, nuestra región se desangra económicamente por una ineficiencia que le costó a nuestra región 300 millones de soles perdidos.

La denuncia es contundente. El exgobernador ha señalado que Oscorima, en un afán de protagonismo, le quitó la competencia a Provías Nacional para encargarse él del anillo vial San Miguel – Canayre. ¿El resultado? Tres años de abandono total en una ruta de 300 kilómetros que es vital para que nuestros agricultores saquen sus productos al mercado.

Se trata de 300 millones de soles que no se ejecutaron, condenando al VRAEM a seguir bajo la sombra de la pobreza y el narcotráfico por falta de conectividad.

¿De qué sirve que Ayacucho reciba dinero del Estado si el gobernador está más preocupado por blindarse legalmente que por terminar la carretera Tambo – San Francisco, que lleva 15 años esperando?.

Ese es el sello de la actual gestión: un desprecio total por las necesidades de su propio pueblo.

Nuestra región necesita un cambio de ciclo que no puede ser liderado por quienes ven la política como un intercambio de favores y lujos. Ayacucho necesita gestores, no «prestamistas» de joyas. Necesitamos que esos 300 millones perdidos se conviertan en las carreteras que nuestros hermanos del VRAEM exigen a gritos.

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